¿Es posible tener un niño autónomo?

Autonomía e independencia son características que todo padre quiere que tenga su hijo en la adultez. La pregunta que debemos hacernos es ¿estamos trabajando con nuestros hijos desde la más temprana infancia para que esto sea así?

La psicopedagoga Maria Concepción Luengo del Pino, indica que es una tarea dificil, pero, como ya sabemos, todo se aprende, y por tanto, todo se enseña. Para que nuestros niños sean independientes y desarrollen cierta autonomía en sus vidas, debemos educarles y su grado de autonomía e independencia dependerá mucho de la educación que les demos.

Es aquí donde los padres, la guardería o el colegio juegan un papel fundamental, ya que los niños van adquiriendo capacidades para lograr su autonomía con pequeñas actividades diarias. En casa, nuestro papel debe ser de facilitador y observador, cuando somos facilitadores, proveemos de las herramientas necesarias para que cualquier actividad sea llevada a cabo, y cuando estamos en fase de observación, podemos orientar y apoyar a nuestros niños a la consecución de su objetivo.

La función de los adultos es asegurarles las condiciones idóneas

para que se ejerciten de manera autónoma.

En un artículo Marta Vázquez-Reina, nos da estas pautas que nos hacen reflexionar acerca de nuestro papel como padres. Acercarle un objeto para que lo alcance antes, pincharle una y otra vez la comida en el tenedor o no dejar que pruebe a abrocharse un botón son algunas actitudes que, con el pretexto de ayuda, pueden trabar la autonomía del niño y afectar a su sentimiento de competencia, puesto que le privan de la posibilidad de ensayar y finalizar por sí mismo una acción iniciada.

La pediatra Emmi Pikler, fundadora de Instituto Pikler en Hungría, insistía en que no se deben “obstaculizar los movimientos libres del niño, ni esforzarse por apresurar o cambiar el curso normal de su desarrollo mediante intervenciones directas”. Según la teoría de Pikler, en vez de actuar de forma directa, la función de los adultos en el paso de los niños a la autonomía es asegurarles las condiciones idóneas para que se ejerciten de manera autónoma. Colocar los objetos en lugares de fácil acceso para ellos, proporcionarles un tenedor sin púas punzantes para evitar accidentes o cambiar un botón por un cierre más sencillo, como un broche o velcro, son pautas adecuadas para aplicar este método.

Se debe dar la oportunidad de experimentar, de equivocarse, de fallar o de acertar, y todo eso lleva un tiempo, según la edad y la capacidad de aprendizaje de cada niño. Cuando tu hijo, delante de una tarea, diga: yo solo que ya soy mayor, escúchale y respeta su decisión. Es más importante lo que dicen y cómo actúan los padres en ese proceso, que la disposición que tenga el niño. No olvidéis que una mayor autonomía favorece una buena autoestima, y que este camino conduce a una evolución sana en cuanto a las decisiones y las vivencias del niño en su día a día. Maria Concepción Luengo del Pino.

 

Marta Vázquez-Reina nos explica que, si tu hijo ya tiene la destreza motora y madurez en sus actos para afrontar un nuevo reto de aprendizaje, los expertos recomiendan iniciar el proceso de aprendizaje para crear un hábito y una rutina constante en sus actuaciones. Y debemos como padres plantearlo así:

  • Siempre y en todo lugar: si se quiere que el niño se vista o coma solo, hay que dejarle hacerlo todos los días y en todas las ocasiones, no vale “con papá sí y con mamá no” o “cuando tengo prisa te visto” o “te doy de comer yo”.
  • Explicarle cómo se hace: es necesario detallar al niño los pasos que debe dar para realizar una acción. No se le puede decir “lávate el pelo” sin contarle antes que debe poner un poco de champú en el cabello, frotar y luego enjuagar. Se les puede enseñar determinados hábitos con un ejemplo.
  • Elogiarle y supervisar: los padres pueden supervisar el resultado de la acción del niño y corregirle si se equivoca, pero deben procurar que sea él mismo quien enmiende el error, si lo hay. Cuando la acción esté bien, hay que elogiarle por su resultado.

 

Este nuevo año vamos a verlo como 365 oportunidades de fomentar la autonomía e independencia de nuestros hijos, para de este modo lograr adultos con carácter autónomo.

Ysomar Méndez

 

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